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Cambio global y universidad
Humberto Muñoz García
Campus Milenio Núm. 836, pp. 4 [2020-02-06]
 

Varios académicos, en el país y en el extranjero, escribieron acerca de la globalización y sus efectos sobre las universidades. En lo general, se ha sostenido que la globalización influyó en la adopción de un enfoque economicista para el desarrollo de las instituciones, al tiempo que éstas colaboraron mediante la mercantilización de sus servicios, el fortalecimiento de redes académicas, la creación de un mercado académico mundial y una producción científica vinculada a las necesidades del mercado en la economía.

Los medios de comunicación, la transmisión de ideas y la circulación del conocimiento, establecieron en la universidad la noción de que en ella se formó un espacio para producir y distribuir conocimiento, orientado, principalmente, al sistema productivo. El progreso tecnológico alcanzó a la universidad.

A medio siglo de distancia, el internet jugó un papel central para poner el mundo al alcance, y la universidad desempeñó un papel conductor central. Se establecieron comparaciones y clasificaciones globales de las universidades, los llamados ranking, que sirvieron al mercado del conocimiento. La universidad se desenvolvió en un escenario donde un grupo pequeño de instituciones impusieron su hegemonía y definieron el modelo a seguir. En materia cultural e ideológica, se intentó establecer una cierta homogeneidad a partir de los llamados valores occidentales, con los que se confrontan valores y costumbres nacionales.

La globalización provoco tensiones en las universidades. En el contexto de la sociedad “globalizada” hubo demandas para ampliar la cobertura, atender los planos nacional, global y local, una enseñanza más abierta, una investigación dirigida al mercado, criterios de competencia, en una óptica de control de las finanzas para la educación. Ganó fuerza la evaluación de toda la actividad académica. La supervisión a distancia. Asimismo, la presencia de las tics en la docencia y la investigación, que ha implicado un cambio sustancial en las relaciones e identidades académicas.

Actualmente, hay estudiosos que sostienen que existen evidencias sobre el fin de la globalización. Ha aparecido un cierto nacionalismo, se están dando guerras comerciales, se ha llegado al término de acuerdos internacionales que unificaban los mercados, amenazas de imponer impuestos a la transferencia de algunos productos, proteccionismo y rechazo a las migraciones internacionales. Polarización y exclusión social. Además, ha habido manifestaciones masivas, en varias latitudes, por la paz, la equidad de género, el acceso a la educación superior y por la dignidad, entre otros objetivos.

La desglobalización será, sí ocurre del todo, un proceso complejo con efectos distintos en cada nación. Por ahora, es arriesgado predecir. Todavía, en estas semanas, México renovó el acuerdo comercial que hace depender al país del norte del continente. Hay una enorme cantidad de intereses económicos y capitales políticos invertidos en la globalización, y la influencia de las transnacionales que buscan la renovación del sistema capitalista. Sí puede señalarse que hay deterioro, bajo o nulo crecimiento, desperdicios humanos, desconfianza, una notable incapacidad para derrotar a la incertidumbre y resultados políticos imprevisibles.

En medio de la incertidumbre, las universidades experimentan dificultades financieras y necesitan responder a su entorno y al avance tecnológico, la digitalización y la innovación en el Siglo XXI, que siguen desarrollándose hacia el futuro, y dejando huella en la sociedad.

En este marco, las universidades requieren experimentar transformaciones, para las cuales tienen que prepararse. Se abre un punto crucial a discusión: ¿Qué cambios tendrán que promoverse en los ámbitos de la organización institucional? Habrá que comenzar por el gobierno, la gestión, el régimen del trabajo académico y los mecanismos de evaluación, de cara a las nuevas demandas y necesidades sociales. Mostrar responsabilidad social para cobrar fuerza contra la embestida a la autonomía.

Otro punto, a tener presente, es que fuera y dentro de la universidad, habrá flexibilización del trabajo, y eso implica para la academia, a primera vista, ámbitos de conocimiento, diversos, mezclados e individualizados. Lo que puede traducirse, quizá, en elaborar experiencias colectivas de aprendizaje, transmisión y producción de conocimiento interdisciplinario y estar al día en la actualización del avance científico, modificar los programas de estudio y atender las demandas profesionales de los egresados, para actualizarse. La solución de problemas y las habilidades cognitivas para moverse en el ámbito laboral, e insertarse en la sociedad, cobrarán cada vez mayor importancia.

El otro gran tema, señalado por varios de los investigadores del PUEES-UNAM, es el asunto de la interacción generacional. En las universidades públicas del país conviven quienes se formaron hace más de 30 años, con millennials y personal que recientemente comenzó su carrera académica. Experiencia, fuerza intelectual e innovación. Una riqueza históricamente única que debe aprovecharse. Ante el aumento en la esperanza de vida, hay necesidad de tener una política decidida de pensiones, jubilaciones y renovación de académicos para que las universidades puedan transitar en la era digital.

La universidad pública y autónoma, reforzada, será crucial, definitivamente, para que se puedan sortear los desafíos del entorno difícil en el que vivimos los mexicanos.


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Last modification: April 28 2016 13:39:11.  

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